Hay algo bien curioso en ser mamá en este preciso momento en la vida, porque mientras todos hablan de productividad, automatización y que con la IA podemos hacer muchas más cosas en menos tiempo yo estoy en la etapa opuesta: "Hay cosas que simplemente no se pueden hacer más rápido y eso también esta bien".
Aprendiendo a trabajar de una manera distinta
No les voy a mentir hay días en que me siento totalmente estafada con la vida, fui criada con la idea principal de ser una mujer independiente, con una carrera y el discurso anual que debía llegar a lograr “mucho más de lo que lograron mis padres”, pero cuando una se transforma en mamá toda esta crianza se tambalea un poco, tienes que cubrir todas las áreas correspondientes a un hogar y un recién nacido, dejar de lado tu carrera unos años y, dejarte de lado a ti y tus prioridades por mantener vivo a un pequeño ser que resulta ser lo más maravilloso y genial que te ha pasado en la vida, pero al costo de eliminar (una parte al menos) de esa mujer independiente que tanto esfuerzo te costó construir.
Porque definitivamente en la maternidad no puedes automatizar un abrazo, delegar una contención en un mal día o reagendar una pataleta, más bien si quieres volver a trabajar o te acostumbras a trabajar mientras el bebé duerme y te haces amiga de el horario trasnoche o muchas veces tienes una mano en el computador y otra intentando que alguien no se coma un lápiz.
Jornadas laborales de 40 minutos es lo más cercano a un día de trabajo con un pequeño de 1 año, y muchas de las más grandes ideas se me han arrancado por ir caminando con el coche con una memoria algo defectuosa producto de inmumerables (e irrecuperables) horas de sueño que he perdido en estos últimos años.
Y a todo esto sumale, después de una pausa de dos años donde practicamente fue como “caer en coma” a nivel laboral, estas despertando tal cual bella durmiente en un mundo plagado de IA, y no quiero sonar como una mamá quejumbrosa sobre todo lo que conlleva la maternidad, porque a estas alturas ya me parece algo cómico y un reto interesante buscar nuevas formas de trabajar y volver a reconstruir partes de esa mujer profesional y trabajólica que alguna vez fuí. Porque todo esto me ayudado a lograr de igual forma autodistanciarme de toda esta rapidez y ultra conexión actual e incluso a disfrutar más que pensar en “grabar los momentos” o tener el celular en la mano.
Y es por esto que hay algo que hoy me interesa defender de sobremanera:
El valor de hacer las cosas con tiempo
Y siendo franca , muchas veces cuando me decían que ser mamá te activa otras partes de tu cerebro creando nuevas conexiones me reía, pensaba para mi en superpoderes relativos al bebé como madre (que son muy ciertos igual), pero al pasar los meses te vas dando cuenta que esta nueva forma de pensar es el valor que le das al tiempo, de mirar, observar, equivocarse, probar otra vez, generar paciencia de lugares que no tenías idea que podían existir dentro de ti. De dar espacio a conversaciones que no necesariamente deban tener una conclusión inmediata, de dibujar algo durante días cuando antes te tomaba tan solo unas horas.
Y quizás por eso ser mamá en tiempos de IA me ha hecho conectar con la importancia de lo humano y la vida lenta. Porque mientras las nuevas tecnologías intentan enseñarnos a producir más rápido mediante un prompt, la crianza no tiene nada de eso y es capaz de enseñarte a valorar que algunas de las cosas más importantes en la vida, necesitan: Presencia, tiempo y paciencia.
Y esa es una de la cosas que busca Puska hoy en día conectar con las personas correctas y crear juntos diseños o ilustraciones que tengan algo que decir. Porque para que humanos creen ecosistemas vivos en el área gráfica no se usan prompts, la vida se crea con vida.
Integer diam tristique quis pellentesque ongue vitae nunc





